REFLEXIÓN
Hay cosas que no terminan.
Simplemente nunca llegan a comenzar.
A veces no duele una pérdida. Duele todo aquello que imaginamos que podría haber sido.

Hay palabras que nunca dijimos. Decisiones que aplazamos. Caminos que miramos desde lejos porque el miedo parecía más razonable que el deseo.
Y aunque nunca hayan ocurrido, algunas posibilidades dejan huella.
Lo que no vivimos también puede enseñarnos quiénes éramos.
Quizá no se trata de regresar al pasado. Quizá se trata de entender por qué aquella puerta nunca llegó a abrirse.
¿Qué parte de tu vida sigues dejando para después?